¿Recuerdas cuando te cansaste de perder?

Recuerdo cuando tenía alrededor de 10 años y estaba jugando ajedrez contra mi hermana, o mas bien, estaba perdiendo en ajedrez contra mi hermana. Al momento en que la pérdida se materializó con un jaque mate, yo perdí el poco control que un niño de 10 años puede tener. Recuerdo haber sentido la pérdida en el fondo de mi corazón.

En algún libro, una vez leí que la diferencia entre un recuerdo y una creencia es la emoción que hay de por medio. Por ejemplo, hoy el juego de ajedrez contra mi hermana es más que un recuerdo, es una creencia guardada de mi desagrado por perder. ¿Les ha pasado? ¿Les ha pasado que guardan esa creencia de cuando perdieron contra alguien? A todos nos ha pasado, perder en contra de ese hermano o hermana, o contra ese «amigo» de la primaria cuya rivalidad era legendaria.

Desde ese momento, seguramente te enfocaste en cómo puedes mejorar para ya no perder, y seguramente gracias a eso aprendiste a enfocarte mejor, a ejecutar mejor, a practicar más. Aprendimos a saber ganar.

¿Saber ganar te quita la molestia de perder?

Tom Bilyeu, un emprendedor estadounidense nos enseña en su universidad «Impact Theory», específicamente en su clase de «Mentalidad», a evitar tener una mentalidad fija (fixed mindset) y en cambio tener una mentalidad de crecimiento.

Esta diferencia es vital porque en el momento en que estaba escuchando su clase, él mencionó cómo en su empleo previo a emprender, todos sus colegas y jefes le decían lo bien que hacía su trabajo y lo inteligente que era.

Y no es que ser reconocido esté mal, ¿a quién no le gusta recibir cumplidos?Sino que reconozcas que quizás estás en un ambiente donde tu crecimiento está limitado, donde te acomodaste a ser el que siempre tiene la razón, donde ya todos te conocen como al que mejor «le sale».

Pero aquí vale la pena que te preguntes: ¿estás evitando perder? ¿Realmente estás ganando? ¿O estás aprendiendo a ganar pero al mismo tiempo estás escapando de la lección que dejaste pendiente de aprender a perder?

La principal diferencia entre la mentalidad fija y la mentalidad de crecimiento es la continua capacidad de mejorar en algo que aún no dominas. Al tener una mentalidad fija, la mayoría de las veces unimos nuestra autoestima a los cumplidos, a la capacidad de hacer bien ese trabajo.

Lo peligroso es que cuando dejes de ser bueno o entres al cuestionamiento de si de verdad eso que haces es lo que quieres seguir haciendo por más tiempo, ahí… ahí toda tu autoimagen, tu autoestima se pondrá a prueba y la mentalidad fija no te hará seguir adelante, lo hará la mentalidad de crecimiento, la capacidad de mejorar.

Entonces pregúntate cuántas veces has perdido últimamente, porque para mejorar hay que perder, hay que fracasar, hay que sentir la derrota. Como cuando perdiste tu torneo de artes marciales o cuando no entraste al concurso de inglés o cuando no fuiste nominado para hacer ese deporte en representación de tu escuela. La respuesta era obvia. Tenías que seguir mejorando, AÚN no eras lo suficientemente bueno.

La derrota no se fue a ningún lado

Entonces sucede que una pandemia llega al mundo y tus finanzas se empiezan a ver amenazadas, tu negocio empieza a tener que hacer despidos y recorte de dinero, tu boda se tiene que posponer, tu viaje se tiene que cancelar, tu vida tiene que cambiar por un tiempo… o ¿para siempre?

En estos días donde el mundo parece tener ganas de ponernos a prueba a todos en distintas maneras es importante tener la mentalidad de crecimiento donde una parte vital de ésta es que aceptemos que perderemos. Habrá que empezar a ver a la derrota como esa retroalimentación de que nos hace falta aprender algo más. Donde no podemos dejar que una derrota nos duela, sino que más bien nos muestra el camino hacia adelante. Es momento de retomar la lección que la vida nos trató de enseñar desde pequeños, pero que por alguna razón dejamos a un lado.

Si estás leyendo esta entrada desde tu correo o desde el blog, hay que reconocer que ya has sabido ganar. Ahora enfócate en aprender de la derrota, es momento de seguir creciendo, de seguir aprendiendo, de seguir adelante.

No dejes que una victoria se te suba a la cabeza, ni que una derrota se te meta en el corazón.

Te recomiendo la canción de «Man On a Mission» de «Oh The Larceny».

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